Los recubrimientos anticorrosivos suelen utilizarse de forma generalizada para proteger superficies metálicas frente a procesos de oxidación y deterioro causados por factores ambientales como la humedad, la salinidad, los contaminantes o la exposición prolongada a condiciones exteriores. Habitualmente, estas formulaciones incorporan inhibidores de la corrosión, resinas sintéticas (como epoxi, acrílicas o poliuretanos), disolventes orgánicos y diversos aditivos.
Muchas de estas soluciones presentan limitaciones desde el punto de vista ambiental y toxicológico, debido al uso de compuestos orgánicos volátiles (COV), metales pesados y otros aditivos de síntesis que pueden tener efectos negativos sobre la salud y el entorno. Es debido a esto que existe un interés creciente por desarrollar recubrimientos más sostenibles que mantengan su eficacia anticorrosiva sin recurrir a componentes de alta toxicidad.
En este contexto, Juan José Santana, Catedrático de Universidad, del grupo de investigación Energía, Corrosión, Residuos y Agua (ECRA) del Departamento de Ingeniería Electrónica y Automática, ha explorado el uso de extractos vegetales con propiedades antioxidantes, antimicrobianas o quelantes como posibles alternativas o complementos a los aditivos convencionales. Las plantas del género Aloe contienen una variedad de compuestos bioactivos, entre los que se incluyen polisacáridos, antraquinonas, flavonoides y compuestos fenólicos, conocidos por sus efectos antioxidantes y protectores frente al estrés ambiental.
Como resultado de esta línea de investigación, los investigadores han desarrollado la tecnología que consiste en una composición aditiva a base de gel de plantas del género Aloe y conservantes, envasada como componente separado y destinada a ser añadida de forma extemporánea a revestimientos o pinturas comerciales ya formulados, también puede ser añadida en fábrica y salir en la formulación base.

